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martes, 16 de abril de 2013

CORRER MÁS RÁPIDO, LEVANTARSE MÁS TEMPRANO.

A diferencia del Yo de hace unos años, el de hoy corre y aunque lo hago a paso más o menos relajado, eso me ha permitido acabar algunas carreras, la más importante la mía contra la obesidad, con cierto y orgulloso decoro.
Jamás hubiera imaginado hacerlo hace unos añitos, así como jamás se me hubiera ocurrido que en Boston, o en cualquier otra parte, pasara lo que sucedió el 15 de abril del 2013; esas cosas inimaginables antes, vueltas posibles después, no solo se convierten en anecdóticas, deben ser el permanente recuerdo de que la humanidad lo puede casi todo, para bien y para mal.
Correr jamás ha sido ni será peligroso, es por el contrario una de las mejores maneras que muchos han encontrado de hablarse y escucharse, de imponerse o quitarse límites, correr ha sido la mejor manera de avanzar, porque es desde la perspectiva de la naturaleza humana lo que sigue de caminar, correr no es malo si se hace en conciencia de nuestras capacidades y limitaciones, correr por alcanzar y no por competir, por llegar y no por ganar, la carrera de cada uno es diferente a la carrera que como especie emprendimos hace miles de años, sin embargo, correr se ha convertido ahora en la contradicción del mundo que vuela, pues parece que hoy, para los que corren –corremos- el mundo va más despacio y la vida es más larga, así sea.

LEVANTARSE MÁS TEMPRANO.
El primer ejemplar de la revista Certeza, publicado en el año 2005, también fue el primer pretexto para publicar Hakuna Matata; el título de aquella colaboración estaba inspirado en una homónima del Maestro Jorge Ibargüengoitia: “Levantarse temprano”.
Hoy, a la distancia y con un bolón de cosas por comentar, arranco esta nueva serie de textos, que como todos los anteriores tienen la intención de mantener el equilibrio, entender la dialéctica y aprovechar las circunstancias de lo público para tratar de comprender la vida y de paso explicarla desde ese mismo entendimiento.
Como gran parte de lo que sucede con los años, en esencia seguimos siendo los mismos, pero hay algunas cosas que han cambiado diametralmente tanto, que si nuestros “Yos” de hace diez años lo vieran, no lo podrían creer.
Los nuevos hábitos, las relaciones existentes y las preexistentes, las que caducaron y las que de plano se pudrieron, los logros, las frustraciones, los impases, los pendientes, son más que los cabellos o la grasa acumulada o perdida, aunque a veces no se ven a simple vista, son probablemente reflejados en lo que se ve y no se puede ocultar fácilmente.
El yo de hace diez años, tenía la vida más fácil, pero hasta ahora lo valoro de ese modo, el Gus actual tiene otras capacidades y posibilidades, pero también otras responsabilidades y una conciencia menos obtusa aunque no del todo despierta; para Gus de hace 10 años lo que era importante lo sigue siendo para Gus de hoy, han cambiado los escenarios, los coestelares y hasta los extras.
En aquel primer número de Certeza me referí vehementemente a mi animadversión a levantarme temprano, hoy, 8 años después, no entiendo la vida si arranca después de las primeras luces de la mañana o incluso antes, hoy ya no me alcanza el día, ni aunque me despierte antes y me duerma después, al grado incluso de retrasar mis citas con la compu y descargar tanta cosa en los catárticos hakunas.
Dormir implica descansar, pero también forma parte de la serie de buenos hábitos adquiridos, impuestos o inexistentes, que los seres humanos requerimos para funcionar adecuadamente, se complementa con otra serie de hábitos quizás menos reponedores o que en sus excesos encontramos más desgracias que en unos minutos adicionales de sueño.
Levantarse más temprano es uno de los males necesarios de una sociedad que ya no duerme, cada vez me resulta más frecuente conocer a gente que trabaja a distancia en horarios muy inusuales en otras partes del mundo, es además el pan nuestro de todos los días de mis queridos contemporáneos que gozan la dicha de llevar a sus párvulos a la escuelita, quienes a su vez, están iniciándose en el ineludible camino de levantarse temprano.
Hoy, por primera vez el horario de verano ya no es tema, lo asumo como la oportunidad de dormirme un poquito antes y de levantarme mucho antes, la misma niña comejitomates que desde que nació está habituada a estas adecuaciones horarias, es mi  mejor ejemplo de adaptabilidad, pues a pesar de su madrrre y un servidor, que todos los días montamos el show del humor en torno a su camota, la imberbe se sigue despertando de malas en cualquiera de los husos horarios; como les digo, incluso muy a pesar de que conforme a lo escrito hace 8 años, procuro inculcarle a la nena la idea de que no es su obligación, sino la oportunidad de hacer más cosas y de que el día le resulte más productivo y al final provechoso.

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