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lunes, 5 de diciembre de 2016

VAYA NOVIEMBRE

VAYA NOVIEMBRE.
Hace exactamente un mes, escribí esto:

Ayer llegué a mi casa, buscando una foto de mi abuela materna, Hermila Arriaga Cedeño, a quién apenas he visto los últimos 18 años, la última vez que pude compartir con ella algo de tiempo, fue en 1998, cuando tuvo problemas de salud y tras una estancia en el hospital estuvo en la casa de mis papás unos días.
No me reprocho ni le reprocho a nadie, no tendría a quien, tantos años de lejanía, al final soy uno de sus treinta y tantos nietos y desde mis años de adolescente que dejé de frecuentarla.
Fue viuda joven, hace casi 30 años que su esposo, José López López, “Pepe cuervo”, murió por complicaciones de la diabetes descontrolada, desde entonces la recuerdo como entre sueños y cosas que no se si en realidad pasaron, tenía 2 estufas, en la que más usaba, guardaba un botecito con dinero, en la otra, una olla grande de té, todos los sábados hacía arroz y pollo, era el día en que la visitaban sus hijas, hijos, nueras, yernos y nietos, aunque algunos vivían con ella o muy cerca, también vivía con ella parte de su familia política y por si fuera poco, el negocio de mi abuelo, la cantina “los cuervos”, estaba en el local contiguo a la casa; recuerdo que iban vendedoras en abonos a su casa y que en una de esas ocasiones me compró unos lápices muy llamativos, que creo que le vendió “Carmenchú”, eran 4 de diferentes colores y con las puntas intercambiables, yo correspondí, haciendo una travesura inusual, escondí las llaves del baño, adentro del baño, lo que seguramente la molestó. Perdón abuelita.
Cuando murió su esposo, la recuerdo firme, fuerte, seria, callada, solo la recuerdo sensible en alguna ocasión en la que en mi juventud me conminó a querer a mi papá y a no alejarme de él, al poco rato comenzó a llorar, seguramente la intranquilizaba mi inmadurez.
La antepenúltima vez que la vi, fue hace unos 4 años, cuando más delgado estaba, no me reconoció, platicamos un rato, recuerdo muy poco de la charla, seguramente mi abuela sabía más de mí que yo de ella, las abuelas tienen muchas fuentes de información, ya para ese entonces era muy viejecita, lúcida, pero mayor, enferma, le llevé la comida que mi mamá le preparaba diario y que rara vez probaba.
Hace poco más de dos años, que fue la ocasión más reciente que la visité, fui, por recomendación de mi padre a saludarla o a despedirme, también a que conociera a Oliva y a Valentina, tampoco recuerdo de que platicamos, pero me confortó mucho haber estado ahí.

Recién terminé recién mi llamada telefónica acostumbrada al medio día con mi mamá, me dice que a su mamá de casi 90 años le está fallando el corazón y que el cardiólogo ha decidido operarla para ponerle un marcapasos, no puedo pensar, no soy médico ni experto y tengo tan poco sentido común que solo lo utilizo para no pensar ni imaginar nada, por el momento, voy a seguir buscando fotos de mi madrina de primera comunión, de quien me cuidaba incondicionalmente, de la abuelita que siempre me regalaba dinero en una caja de medicinas, no sé, si voy a volver a verla, quizá, me preocupa más que mi mamá pueda hacerlo, “mamá milla”, no está en las fotos, pero si en los sabores, en los recuerdos, en el preciso pensamiento de que toda la vida me he sustraído a los demás sin darme la oportunidad de averiguar que piensan o sienten por mí.

Cuando yo iba hacia las clases de computación muy por la mañana, pasaba frente a su casa y la veía barriendo su acera, muchas veces pensé en ella, debí visitarla más.


Hoy, no solo puedo decir que tuve la oportunidad de volver a ver a mi abuela, también platiqué con ella y pude, con mucha emoción y a pesar de lo que yo pensaba, darme cuenta que estaba muy informada de mí, lo último que me preguntó, fue si recientemente habíamos ido de paseo, lo que me hizo pensar en lo que llena de vida a los abuelos y a los padres, que es poder, a través de sus nietos y sus hijos, hacer aquello que no pudieron.
Viajó poco, eso creo, recuerdo vagamente que fue a Texas algún día, seguramente fue en varias ocasiones a San Francisco del Rincón todavía con mi abuelo y desde luego que no olvido ese viaje que hicimos mis papás, mis hermanos y yo con Mamá Hermila a San Juan de los Lagos, pasando por Lagos de Moreno y Guadalajara, siempre prudente, seria, fuerte, nos tocó dormir con ella y experimentar la cercanía que todos merecemos con los abuelos.
Su último día y a diferencia de los que duró su final deterioro, desayunó y comió muy bien, como en los últimos años lo que mi mamá le preparaba, me platican que solo hablaba de comida, de mandar por el recaudo, de preparar algo, parece que al final, los guisos, los paseos y lo que le platicaban de la familia que ella formó, fue lo que la mantuvo viva, tantos años sin la presencia de mi abuelo, hoy, como dice Manolín, se ha vuelto a juntar con su esposo, ahora sí, para siempre.

P.D.
Por si esto fuera poco, ganó Trump, murió Fidel, y una larga lista de etcéteras, que me hacen pensar que hay material para escribir, como siempre encontraré el tiempo y las fuentes para poder hacerlo. Abrazos.

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