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domingo, 29 de enero de 2017

VIDA DE PERROS. RESILIENCIA.

Muchos de ustedes conocen o saben de la existencia de Boly, la perrita mechuda que le regalé a Valentina hace 2 años y medio y también conocen a Maky, la hijita de Boly y Frodo, de mis queridas amigas Candy y Normita Ponce.

Una tarde de fin de semana en la que la ya no tan pequeña niña come jitomates y yo nos sentamos a filosofar, jugar y ver video blogs, analizábamos la “perronalidad” de cada una de nuestras afelpadas mascotas, por un lado Boly es uraña, desobediente, arisca, enojona y volátil; Maky, por el contrario es juguetona, obediente, cariñosa, confiada pero también es más brava y ladradora.
Ante tales cuestionamientos le dije a la infanta arma legos, “mira hija, Boly nació en otro país, muy pequeñita la alejaron de su mamá y tuvo que viajar en avión y en cuanto transporte haya sido necesario para pasar aduanas, revisiones, hospedarse en algunos sitios previos antes de llegar a la tienda de mascotas en donde la encontramos, ha vivido en la casa de tus abuelos y en las casas que hemos habitado juntos, como su familia éramos primerizos en cuidados y en educación de perros y resultó que jamás aprendió algunas cosas básicas. En su segundo celo, teniendo apenas un año y 5 meses, viajó hasta Ecatepec a conocer a Frodo, el único y gran amor de su vida, con el que convivió sólo 30 minutos, para después regresar preñada y no volverlo a ver jamás. Durante 60 largos días cargó en su diminuto vientre a 7 cachorros hermosos, a los cuales parió y protegió como si lo hubiera hecho 100 veces (la naturaleza es divina), a pesar de sus esfuerzos, el último murió y aun así cuidó de él y de los otros 6 cachorros, los alimentó y vigiló hasta que poco a poco se fueron yendo a las casas que cuidadosamente escogimos para ellos, te consta que cuando cada que uno se fue, ella lo supo y sufrióhoy solo tiene a la más gordita y juguetona de sus hijas, que por cierto sigue soltera.
Boly tuvo que vivir todo esto, además de adaptarse a nosotros, a nuestras ausencias y regaños, a vivir en hoteles de perro, a viajar en avión varias veces, en fin, esa ha sido su vida y así ha forjado su carácter.
Maky nació y creció en el mismo lugar, rodeada por nosotros, siempre cuidada y vigilada por su mamá, no tardó en aprender a obedecer y respetar sus lugares, es muy besucona, jamás se ha desprendido de nosotros, sabe que somos suyos y no conoce el estrés porque siempre nos ha tenido cerca.”

Después de reírnos con el relato, pues la pobre Boly quedó como una madre soltera engañada y desamparada que ha viajado de aquí para allá y la Maky como una niña boba de película gringa de los 90, la charla me ayudó a forjar un criterio en Vale que creo que le puede servir en la vida, y es que aunque los perros son muy diferentes a los humanos, las circunstancias que individualmente nos tocan vivir pueden definir nuestro carácter, pero lo maravilloso en nosotros es el albedrio para decidir ser víctimas de los acontecimientos o héroes de nuestras batallas.
No importa que tan dura puede ser la vida, si estamos dispuestos a vivirla de manera valiente y agradecida, siempre valdrá la pena.

Todos los seres vivos somos resilientes, incluso algunos más que los propios humanos, pues a nosotros no solo nos guía el instinto sino sentimientos tan bajos como el rencor, la envidia o el odio que no nos permiten avanzar o crecer espiritualmente y por el contrario nos convierte en seres peligrosos, dañinos y tóxicos, peor que perros bravos y rabiosos. 



Fue una buena oportunidad para mostrarle que está en nosotros ser felices o infelices, o como lo he dicho en otras ocasiones, “hay muchas razones para ser infelices, lo que debemos de buscar son motivos para no serlo”.

PD. La inspiración es provocadora, se insinúa sin miramientos y te abandona muy facilmente, puede estar ausente mucho tiempo y de repente asediarte, abrazo cada momento y cada fuente de ella. Hoy veremos Lala Land, a ver que tal.

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