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viernes, 3 de febrero de 2017

(Escrito en enero de 2011)
REALIDADES.


Me he topado con muchas y diversas realidades en un país que para los mexicanos resulta icónico, nos despierta cualquier cantidad de sentimientos encontrados, distintos, dialécticos.

Al entrar al país, lo hice de manera legal, en un vuelo comercial regular, común, ¿el motivo de mi visita?, fue mi primera duda, definitivamente lo iba a disfrutar, pero no creo que el termino "de placer" fuera el correcto, finalmente venia a estudiar a Harvard, la Universidad más antigua de Estados Unidos y la más prestigiada del mundo.

Al mencionar eso a los oficiales de aduana que me tocaron, el semblante les cambiaba, el humor se les aplacaba y el trato era realmente grato. Creo que, por lo que he visto las últimas semanas, los gringos ya no se sienten tan superiores como hace 3 o 4 décadas, hoy saben que hay mejores sistemas educativos que el suyo y que en algunas partes del planeta los están alcanzando rápidamente.

Algo de eso tendríamos que aprender en México, ¿no es increíble, lo fácil que nos han rebasado otros países en temas en los que parecíamos más adelantados?

En la zona de Boston y Cambridge en Masachusetts, conocí a personas de todo el mundo, pero especialmente a mexicanos valiosísimos que están haciendo grandes cosas estudiando por acá, están politizados, saben como están las cosas en el país y tienen sus opiniones y sus críticas muy bien arraigadas.

Me volví a ver, después de unos años, con un niñito que me daba las duras y las maduras en el tenis en mis épocas del club Toluca, Fili Cedeño, que siempre fue un joven inteligente y aplicado y que ahora esta haciendo su doctorado en medicina en un área muy interesante que es la piel, en la rama de la inmunología.

Platiqué con Onésimo Flores, urbanista, que prepara su tesis sobre los transportes articulados de México, compartimos e intercambiamos opiniones del mexibus de Ecatepec y Tecamac, espero haberle sido de utilidad.

Conocí a un genio de 27 años llamado Roberto Olivares, químico, mucho hará por México, el agua y el mundo.

Además, me hice amigo de mexicanos que vinieron a lo mismo que yo a Harvard, a constatar que aquí no tienen las respuestas a nuestros problemas, pues de lo contrario el presidente Calderón ya las hubiera aplicado. (El fue alumno del programa Mason, dedicado a quienes han tenido cierto tiempo de trayectoria pública en su país).

Compartí la mesa, el diálogo y la convivencia, con quien en México sería si no imposible, si improbable, pertenecemos, de entrada a distintas ideologías, pero además nuestros caminos no son paralelos y de momento, hay algunos más encumbrados que otros.

Esta realidad mexicana en los Estados Unidos, me dio esperanzas de que ahí vamos, de que ahí la llevamos, además y a manera de postre pude percatarme de la clase de político que es un aspirante a la presidencia de México, que no fue capaz de saludar a un grupito de mexicanos, ¿y así quiere mi voto? (SCM sus iniciales. Añadido en febrero del 2017)

Concluido mi recorrido académico, llegué a la ciudad que todos conocemos aunque nunca hayamos estado acá, el único sitio en el que te sientes solo, perdido y no te importa, porque aquí se hablan todos los idiomas, en cualquier lugar, a cualquier hora, escucharás muchas palabras afines y muchas otras que no entiendes.

Llegué, al sitio insignia de la cultura norteamericana, con sus iconos, con sus leyendas, con sus mezclas de realidad y de ficción, en donde en ocasiones ya no puedes ver la diferencia, aquí lo mismo te explican en un tour la historia de la construcción de un edificio o que en ese mismo hospital “saint Vincent”, nació Emma, la hija de Rachel y Ross en la serie de TV “friends”.

Acá, me he dado cuenta que la pizza en Manhattan ya no es mas italiana, ahora es mexicana, pues son mis paisanos poblanos y oaxaqueños quienes alargan la masa, ponen los ingredientes y hacen las entregas.

Volví al broadway con el que sueño desde niño, en el que no hace falta entender al 100 % el idioma para transportarte al lugar de la historia, nunca me voy a cansar de ir al teatro.

Conocí a más paisanos que se quedaban a platicar conmigo en “frankie and johnnie’s”, uno de los restaurantes clásicos de la zona de los teatros, muy al pesar de los desabridos capitanes, mis paisanos venían a escuchar del país, a preguntarme de todo, lo mismo del crimen y la violencia que de Kalimba y yo aprovechaba para platicarles de Peña Nieto y el futuro.

En fin, esta realidad tan distinta, porque la verdad es que aunque no nos traten mal, los mexicanos que vienen a estudiar tienen otras expectativas que los que vienen a trabajar, unos vienen porque han alcanzado cierto estatus y otros porque no les ha quedado de otra, pero ambos sin excepción, quieren mejorar.

En ambos casos los que quieren regresar son algunos, pero no todos, los estudiantes se sienten menospreciados y desperdiciados, muy pocos quieren regresar a México a aplicar sus conocimientos; los trabajadores, en su mayoría quieren regresar por nostalgia, para volver a ver a sus padres o a sus hijos, pero saben que regresarán a la miseria y al desempleo.

Yo, que escape un poco de mi realidad, que tomé un tiempo para priorizar, pensar y convivir conmigo mismo, me doy cuenta que quiero regresar, pero no para ser un estudiante, sino un aplicador de conocimientos y experiencias, quiero regresar a trabajar con dignidad y a partirme el lomo como lo hacen por acá mis paisanos, quiero regresar pero no para ser un espectador como lo soy en broadway, quiero regresar a mi país, porque tuve que viajar miles de kilómetros para darme cuenta de quien soy, que quiero y a donde voy.

Me voy de donde te dicen, “welcome put out your shoes” y “good bye see you soon, take off your jacket”.


Muchas realidades distintas, muchas verdades encontradas, cohabitan en el mismo espacio y tiempo, lo importante no es unificar, pues no necesitamos unanimidad sino entendimiento, acuerdo, paciencia y vislumbrar que para ser el país que deseamos, necesitamos empezar por ser los mexicanos que deseamos.

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