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lunes, 12 de noviembre de 2012

CON LICENCIA PARA MATAR


No sé cómo, pero desde muy niño soy fan de James Bond, y digo que no se cómo porque siempre han sido películas de adultos, seguramente en una de esas mis papás me metieron de contrabando al cine.


Tampoco sé como se les ocurrió a las jugueteras sacar una serie de muñecos de acción del personaje, que si no súper héroe, si es un súper espía, obvio que me cansé de pedirle a Santa Clós mi James pero nunca lo obtuve, pues mis papás decían que era un muñeco para niños más grandes... ¿Por fin?

Lo cierto es que soy fan; en un primer intento de coleccionista quise hacerme de todas las películas, lo que resultó inútil pues no las había todas.

En cierto y determinado momento mi carnal Vanegas me hizo feliz en un cumpleaños pues me dotó de la colección completa en DVD con todas las bondades que eso conlleva, ya saben, material adicional, versiones extendidas, numeralia, entrevistas, testimoniales, datos curiosos, etc.

 

Resulta que el jueves pasado fui con una nueva chica bond a ver la nueva peli skyfall, fiel a mi costumbre de caballero comencé a introducir a la fémina acompañante en el complejo y adictivo mundo del personaje de Ian Fleming, que si la escena de acción del inicio, que si la canción emblemática y la tradicional cortinilla, que si el villano, M, Q, Moneypenny, etc.

Adelante en la fila me tocaron de esos personajes intolerantes que no saben respetar a los demás ni hacerse respetar cuando su derecho a ver la función es trastocado, cosa que desde luego no ocurría en ese momento, mi voz era sumamente baja y me acerque tanto a mi atenta alumna que no era para nada molesto, sin embargo el precoz jovenzuelo espeto el afamado y cineroshhhh”, lo que desde luego encendió los ánimos de mi chica Bond quien ni tarda ni perezosa contesto alzando la voz.

Estas muestras de intolerancia y de falta de respeto tan elementales son muy comunes en los lugares en donde se supone vamos a divertirnos, a despejarnos; muy seguido me toca ver escenas de gente quejándose en las filas, comprando de malas, ganándole el lugar en el estacionamiento al prójimo, mentándose la madre con el claxon, en fin, parece que en lugar de despejarnos vamos mas a estresarnos.



Entiendo que el dinero no alcanza, que los problemas del trabajo, que la vida, que la salud, que la enfermedad, que la pareja o los hijos, que la vecina, que el pago que no llega, que tantas y tantas cosas, sin embargo a pesar de todo la vida sigue ahí y seguirá tan independiente de nuestro humor y nuestra actitud como siempre.

 

El famoso personaje británico, que resulta que comienza a ponerse viejo, es sin lugar a dudas algo fuera de serie y de la realidad, nadie podría enfrentar al menos una de las tantas aventuras imaginadas por Fleming, además de que con los años y el fin de la guerra fría, aunado a que en el cine la humanidad se enfrenta a su destrucción y final al menos 3 veces cada verano, las luchas de Bond ya no son para evitar una catástrofe nuclear, sino para enfrentar nuevo riesgos, desde luego siempre mezclados nostálgicamente con el pasado.

Bond se enfrenta a la vida, en su caso muy entretenida, como todo un hombre, toma alcohol muy seguido, no se compromete, busca llenar esos vacíos con hermosas cosas materiales y no tiene ningún reparo en vivir una disfuncional existencia derivada de los traumas de la infancia, es decir, cosa normal.

Bond es más ficción que nada, pero en la parte humana del personaje, esa que deja ver el alter ego de su creador, encuentro siempre un resquicio del hombre que quisiera ser al menos por unos días, quien no quisiera un db5 o un omega, una botella de macallan 50 (me da el soponcio) o pasar una noche en un lujoso resort asiático con la chica Bond en turno.

 

En otras cosas.

En fin, Sandy ha causado destrozos, muerte y también, aunque no tan grave, la desilusión total de miles de maratonistas de todo el mundo, por mi parte conozco a algunos damnificados de esta parte de los estragos de Sandy, a ellos les digo, ya habrá oportunidad el año entrante ahí mismo o en la primavera en Boston, o en cualquiera de las decenas de lugares que ofrecen este reto tan difícil pero tan satisfactorio, si no lo han hecho, no dejen de leer "de que hablo cuando hablo de correr" de Murakami, por mi parte yo espero pronto, verlos en alguna línea de salida, corriendo hacia lo que creo es una vida mejor, más sana y más equilibrada, ánimo.



PD. Espero pronto publicar la primera parte de mi ensayo sobre el sentido común, la verdad es que mi revisora estrella no da señales de vida, mientras tanto les reitero mi gratitud y mi disposición para platicarles de la vida, de cómo superar los retos y de cómo lograr exitosamente perder peso y ganar tantas y tantas cosas maravillosas.
Con retraso de una semana, les super recomiendo ARGO, la peli de Ben Affleck como director y actor, muuuy buena.

 

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